domingo, 2 de marzo de 2014

El PRI unido jamás será vencido: ¿llegará así a 2015-2016?

“Hemos jurado amarnos hasta la muerte, y si los muertos aman, después de muertos, amarnos más” -Benito de Jesús, compositor El sistema político mexicano sigue siendo, en esencia, el mismo, lo que ha hecho es seguir teniendo como maestro a Nicolás Maquiavelo con su obra maestra, El Príncipe, para adaptarla a la modernidad que exige el siglo XXI. De ahí que ahora se hable de un nuevo PRI o del “antiguo régimen”, calificativo que le dan los priístas a los 12 años de gobiernos emanados del PAN, lo que nos obliga a preguntarnos si los más de 70 años que gobernó el PRI en Los Pinos ya son parte de la historia, y ahora, con Enrique Peña Nieto, se inaugura la nueva etapa del PRI, y llamarlo antes del PRI y después del PRI, como solemos llamar para definir la historia de la humanidad: antes de Cristo y después de Cristo. Su respuesta al tema es la mejor. Las características del viejo PRI eran lealtad, unidad y disciplina, ¿serán hoy las mismas premisas del nuevo PRI? Sobra decir que las características a las que nos referimos han sido el pilar fundamental para que este partido haya gobernado por muchos años y, por supuesto, porque después de la derrota que sufrieron en el año 2000 aprendieron la lección, y por eso ahí están los resultados, teniendo la leve sospecha de que México puede tener PRI para rato debido a que la derecha ha sido mejor como oposición que gobernando, y por una izquierda que en cuanto probó el poder se dijo: “Siempre anduvimos con la izquierda equivocada” Y quizá con justa razón se nos diga que estamos equivocados, pero tanto el PAN como el PRD son, en gran parte, responsables del triunfal regreso del PRI a Los Pinos. Da la impresión de que los tricolores se saben de memoria El Príncipe, de Maquiavelo, y otros a San Agustín, Tomás Moro o Carlos Marx, según sea el caso. En este momento, parece ser que la macropolítica funciona muy bien, pero la micropolítica le puede dar un dolor de cabeza a Enrique Peña Nieto a la hora de resolver o palomear los candidatos del PRI, primero en el 2015, después en el 2016, debido a las pugnas de los grupos locales en los estados donde gobierna el tricolor. En Durango, los últimos acontecimientos han dado mucho de qué hablar, porque, citando a los clásicos, todo lo politizamos y es natural que así sea, como alguien lo dijo una vez: Los duranguenses desayunamos política, comemos política, cenamos política todos los días y no nos damos tiempo para un ayuno o un retiro espiritual aprovechando la semana mayor. Mucho se habla de que hay un “rompimiento” entre las emblemáticas figuras de la actual política local, en este contexto, no se debe confundir, como si fueran sinónimos, entre distanciamiento y rompimiento. Una de las reglas del sistema político mexicano es que el que deje el poder mantenga la sana distancia de quien llega para ejercerlo, y si esta no opera en los hechos, el eventual rompimiento deberá ser sustituido por los acuerdos políticos, porque debemos recordar que en política no hay perdedores ni ganadores, sólo acuerdos. De no ser así, se pone en riesgo la unidad, la lealtad y la disciplina de cualquier partido político, llámese PAN, PRD, PT o PRI. Porque la sociedad, que está al pendiente de todo, difícilmente votará por un partido dividido en los intereses por los grupos o corrientes, por legítimos que estos sean. En política, usted lo sabe, lo que hoy es no quiere decir que mañana sea igual. Conocemos anécdotas de muchos políticos nacionales y locales a los que un presidente de la república les ha comunicado: tú serás mí sucesor y al día siguiente lo citan en Los Pinos para decirle: lo siento, señor secretario, pero el partido se decidió por otro. De las anécdotas locales usted conoce muchas historias. Entre otras cosas, la política es también el arte demandar mensajes para decirle a su destinatario: Estate quieto, espera los tiempos aunque sea un asunto técnico-contable. Pero hay otro tipo de mensajes más importantes: El que toma la última palabra o se convierte en el fiel de la balanza, los engaña hasta el último momento y cuando llega este, les dice: “no se hagan bolas, en este corral yo mando, no se vayan a equivocar”.

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Que se acabe el gatopardismo en México, que cuando algo cambie, que no siga igual, que sea para bien.