viernes, 17 de julio de 2015

La fuga del Chapo Guzmán, ¿realidad o ciencia ficción?


“El que no asegunda no es buen labrador”
Sin duda, todos en alguna ocasión vimos un programa de televisión que se llamaba “100 mexicanos dijeron”. La puntuación más alta se obtenía dando la respuesta más popular entre los mexicanos. Diría Meño Herrera: buscando en los periódicos del pasado, nos encontramos con una entrevista que le hizo Enrique Krauze al presidente Peña Nieto. Krauze le comentó que se le había hecho una encuesta que se le había hecho a los mexicanos y el 70% opinó que el increíble Chapo Guzmán se volvería a fugar. Y el pueblo, como es inteligente y sabio, pronosticó la crónica de una fuga anunciada. Entre los que opinaron que el sinaloense discípulo de Rafael Caro Quintero no se fugaría, aparte de Peña Nieto, estuvo Monte Alejandro Rubido, comisionado nacional de seguridad, que en su momento declaró a los medios nacionales que en la cárcel de alta seguridad donde se recluyó al Chapo Guzmán, no habría ninguna fuga, ni siquiera de gas.

Más allá de la fuga del Chapo Guzmán, que se parece a un guión cinematográfico de ciencia ficción de Hollywood, está la triste realidad, de la cual no podemos ser omisos o tratar de darle vuelta a la hoja o apostarle al olvido, porque no se trata de un simple corrido, aquel que dice: se les peló Baltazar. Ahora se trata de que se les peló el Chapo Guzmán, y de ello son responsables el Estado Mexicano y sus instituciones de seguridad, con sus implicaciones políticas y sociales. Se dice que en la fuga del Chapo Guzmán estuvo
presente hasta la médula la corrupción, porque sin este deporte nacional nunca se hubiera podido escapar, y en este sentido, se pronunciaron inclusive los organismos empresariales locales y, por supuesto, los nacionales. Ironías de la vida: hoy que se cuenta con una ley anticorrupción, qué paradoja: tal parce que el Chapo Guzmán se ha convertido en algo así como una especie de padrino de esta flamante ley a la que, por cierto, le fala su reglamentación.

El caso de Guzmán Loera tiene una alta dosis de política. En los hechos, los gobiernos panistas y los priístas se encuentran en un empate técnico. Habrá que recordar que en el gobierno de Vicente Fox, el mítico Chapo Guzmán se fugó de una cárcel de “alta seguridad” del estado de Jalisco, donde solo le faltó despedirse de mano del director de esa cárcel. A poca distancia de ese penal lo esperaba un helicóptero, porque uno de los hombres más ricos del mundo de acuerdo a la revista Forbes, no podía retirarse en un taxi o en un camión de ruta. Ahora los panistas están felices de la vida, porque al menos los del PRI ya no podrán decirles que a ellos no se les fue el Chapo y que los priístas lo capturaron en Mazatlán, Sinaloa, sin disparar un solo tiro para demostrarles que tejen fino y que respetan los derechos humanos de los presuntos inocentes. Pero bueno: del plato a la boca se cae la sopa, también a los priístas se les peló el chapo. Tal vez por eso los del PAN desde hoy andan diciendo: en 2018, en la elección presidencial habrá piso parejo, porque la diferencia será que “ustedes los capturaron y se les fue, y nosotros los panistas solo le abrimos de par en par las puertas del penal de Puente Grande”.
¿Y la sociedad?, ¿seguiremos siendo los espectadores favoritos del sistema político mexicano? El sector empresarial del país alzó la voz
y habló claro: el Chapo se fugó de la cárcel de Almoloya y lo hizo gracias a una cosa: la corrupción. La sociedad tiene derecho a saber qué fue lo que realmente sucedió. Nosotros los mexicanos pagamos por nuestros impuestos todo sistema de seguridad del Estado Mexicano, incluyendo el sistema penitenciario. Exhibidos por el que puede ser hoy el mexicano más famoso del mundo. Empezamos a creerle al polémico Luis Ángel Martínez Diez con su propuesta de que la iniciativa privada debe encargarse del manejo de las cárceles de México, como sucede en otros países.

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Que se acabe el gatopardismo en México, que cuando algo cambie, que no siga igual, que sea para bien.