viernes, 14 de julio de 2017

El campo se muere y la burocracia lo enterrará


Al paso que vamos, el campo mexicano se quedará como Comala, se morirá cuando Pedro Páramo se cruce de brazos. Esa es la realidad que hace muchos años nos describió Juan Rulfo, quizá sin proponérselo, en su novela Pedro Páramo. Y también si seguimos con las mismas políticas públicas para el campo mexicano, solo nos quedarán los campos de golf como el Campestre, los ranchos y las tierras de unos cuantos productores que son beneficiados con el 80% del presupuesto anual dedicado al sector agropecuario. Un ejemplo son los productores de Sinaloa, con una agricultura de primer mundo, amos y señores de las exportaciones agrícolas. Para productores como ellos son los verdaderos subsidios de nuestros recursos públicos. Para los pequeños productores y los campesinos son las limosnas que reparte la SAGARPA. ¡Ah, pero eso sí!: se les pide en su momento hasta las actas de defunción, si no, no se les pagarán 2 pesos de adeudo.

Hace unos días, el líder de la CNC estatal Carlos Matuk López de Nava declaró a los medios que “el nuevo director regional de ASERCA, Pedro Pérez Bravo, es un funcionario que solo ve el campo desde un escritorio”, que “insiste en pedir un ticket bancario para pagar el incentivo de dos pesos, problema que se arrastra desde 2016”. A los pequeños productores, si es pasión, que se les borre, ¿por qué? Pedro Pérez Bravo ya les hizo saber: “si no presentan el ticket bancario, no les pagamos, no hay marcha atrás porque así lo marcan las reglas de operación”. Como él piensan muchos funcionarios de SAGARPA, son burócratas de escritorio, llegan a puestos de medio pelo recomendados por algún político o por cobros de factura. En
funcionarios como Pedro Pérez Bravo están las soluciones al campo mexicano, a él no le importa si llueve o no. Si los campesinos requieren de semilla certificada para sembrar. Al flamante funcionario solo le interesa que se cumplan las reglas de operación, y si les faltara a quienes se les debe el dinero, si no presentan la fe de bautismo, no se les pagará. Pero no tiene la culpa el indio, sino los que desaparecieron la CONASUPO y se sacaron de la manga instituciones como ASERCA, de donde nacen las mafias de las centrales de abastos y de los acopiadores del país.

La SAGARPA no hace nada, pero sí da mucho de qué hablar. Se doblan de rodillas ante los grandes productores del país y se ponen muy exigentes con los sectores más vulnerables del campo nacional. Los duranguenses tenemos memoria: cuando René Almeida, hoy secretario de SAGADER, fue delegado de SAGARPA Durango, dio la pauta para que unos cuantos empresarios se convirtieran en los principales acopiadores de frijol del estado, entre ellos Pancho Gutiérrez y Jorge Pérez. Y ya que andamos por los rumbos de esa delegación, existen programas muy generosos, los que hoy siguen siendo para los privilegiados. Hay empresarios que tienen como hobbie dedicarse a producir en el campo duranguense, se conoce el caso del mueblero Jorge Sarabia, que aprovechando los subsidios del gobierno federal a través de esta delegación se asoció con ejidatarios de Tuitán para producir fertilizante orgánico de nopal. En el papel, el 49% pertenece a los ejidatarios y el 51% para el empresario mueblero. Instaló en terrenos del ejido algo de maquinaria para producir el fertilizante, pero a cambio de ello, gracias a la SAGARPA, el empresario mueblero se quedó con seis millones de pesos de subsidios, ¿y sus socios, los ejidatarios de Tuitán? Muy bien, gracias. Esperando que llueva para sembrar, y si
llueve en su momento, obligados por el hambre y las deudas le venderán sus cosechas a los coyotes y acaparadores, que son la misma gata, nomás que revolcada.

Por cierto, el empresario productor agrícola y acopiador de frijol Jorge Pérez inició sus pininos en la producción de fertilizantes con dinero de nuestros impuestos a través de su caja chica, la SAGARPA. Solo los beneficiarios de los esquemas comercializadores de ASERCA no quieren que desaparezca. Estábamos mejor cuando estábamos peor. Es decir, cuando la CONASUPO compraba las cosechas, el gobierno hacía posible que los campesinos y productores fueran directamente los beneficiados, En ese entonces no habíamos llegado a la modernidad ni a la era del internet, no les pedían el acta de defunción, alta de Hacienda, declaraciones fiscales, que contrataran contadores públicos, internet, clave bancaria y hasta la 3 de 3. En pocas palabras, no existían las reglas de operación que hoy el burócrata de ASERCA, Pedro Pérez Bravo le pide a los campesinos que las cumplan. ¡Que muera el campo y que viva la burocracia!

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Que se acabe el gatopardismo en México, que cuando algo cambie, que no siga igual, que sea para bien.