Los artículos de Álvaro Sanjuán son publicados los viernes y domingos en El Sol de Durango
viernes, 12 de julio de 2013
¿Por qué ganó el abstencionismo?, ¿Por los partidos o por los políticos?
“Porque el poder implica hilos manejados tras bambalinas, dominio sobre el otro”
-Sergio Ramírez
No ha sido sorpresa cuando la gente, por la razón que sea, no sale a votar, gana el PRI, siempre sucede lo mismo. Y así seguirá sucediendo, no sabemos por cuánto tiempo, o por cuántos años. Las personas prefieren mandarle mensajes a los partidos políticos y a la clase política, con apatía o con indiferencia, en vez de ir a manifestar su derecho y voluntad en las urnas, cayendo en la falsa premisa: “Para qué voto, siempre gana el mismo partido y los mismos”. Ya ve lo que sucedió el pasado domingo 7 de julio, sólo fueron a votar el 43% de los electores, porcentaje suficiente para que el PRI se llevara, contra todos los pronósticos, el carro completo, carro que, se suponía, era cosa del pasado o asunto del siglo XX, así que, los que no votaron, pueden ir a la feria 450 a celebrar su triunfo: El abstencionismo.
Sin embargo, el abstencionismo tiene varias consecuencias. Veamos: Nadie pone en duda que las leyes electorales le pueden dar legalidad a una elección, los políticos dicen que en nuestra democracia un voto puede ser la diferencia. En eso estamos de acuerdo, pero, ¿y la legitimidad de los que ganan?, ¿dónde está? Para entenderlo, pongamos el siguiente ejemplo; en el 2012, Enrique Peña Nieto ganó la presidencia de la república con 19 millones de votos, pero si juntamos, pero si juntamos los votos de Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota, si la
memoria no nos falla, sumaron 30 millones, si a eso le agregamos los 30 millones de mexicanos que no votaron, nos dan 60 millones, lo que quiere decir que Peña Nieto gobierna el país con sólo 19 millones de votos, sin importar los 60 millones que no votaron por él. Esto da como resultado que alguien puede ser presidente de México con sólo el 12% del total de la votación, es ahí donde entra el asunto de la legitimidad política, de alguien que gana un puesto de elección popular, de ahí que urge que la reforma electoral obligue a una segunda vuelta, para que el que sea presidente de la república, gobierne mínimo con el 50% más uno de los votos, como sucede en muchas partes del mundo donde las elecciones no sólo son legales, sino legítimas.
De que la legitimidad sea parte de una victoria electoral, estamos muy lejos, simple y sencillamente porque los partidos políticos y la clase política, no quieren enfrentar esa realidad, porque no les conviene y en vez de acercarnos a una democracia de primer mundo, nos quedamos viviendo en la democracia que Mario Vargas Llosa definió hace algún tiempo como la dictadura perfecta. Otra consecuencia que trae consigo el abstencionismo es los miles de millones de pesos tirados, literalmente, a la basura. Por ejemplo, aquí en Durango existe un padrón de más de un millón de posibles electores, de estos, se abstuvieron de votar el 57%, sin embargo, el dinero que se invirtió por parte del IEPC fue como si hubieran ido a votar el 100% y sólo acudió el 43%. Si tomamos en cuenta este dato, se gastó mucho dinero de nuestros impuestos en la poca gente que acudió a votar el pasado domingo. La otra lectura de la elección el 7 de julio en 14 estados del país, citando el abstencionismo que se dio en Chihuahua, del 64%, es que la
sociedad se aleja cada vez más de los partidos y sus políticos, y eso no es bueno para nadie. Los que no votan tienen que entender que sólo haciéndolo es la única forma de legitimar los gobiernos. Los partidos políticos deben de convencerse de que si no hay legitimidad para gobernar, entonces, tarde o temprano el destino los alcanzará.
Deben tomar también en cuenta los políticos y los partidos, que ya pasaron los tiempos en que sólo se puede ganar con el voto duro, estructuras y recursos financieros. Deben de ir, principalmente, por los que no votan, porque no se puede gobernar sabiendo que la mayoría votó en contra de ellos. ¿Y dónde quedó el proyecto de los gobiernos de coalición, de cambiar el régimen presidencial por uno parlamentario?, ¿la famosa reforma de Estado que se intentó hacer desde Vicente Fox, dónde está?
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- Álvaro Sanjuán
- Que se acabe el gatopardismo en México, que cuando algo cambie, que no siga igual, que sea para bien.
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