domingo, 20 de enero de 2013

El reto de Javier Mier: Devolverle al IEPC la credibilidad

“Comprende que mi amor burlado fue tantas veces, que se ha quedado al fin, mi pobre corazón, con tan poquita fe” -Canción Popular Cuando encuestan a los mexicanos hay dos cosas en las que todos coinciden: Nadie cree en los partidos políticos y en sus políticos. Ellos han sido los arquitectos de esta respuesta. Los partidos políticos, en lugar de haber hecho de la democracia un instrumento para darle viabilidad al país, sólo se sirven de ella para convertirse en una partidocracia que tiene secuestrada a la sociedad, cerrándole los espacios de libertad para elegir, en las urnas, a quien debe gobernarnos, y no como lo hacen hasta el día de hoy: por carecer de sensibilidad, inteligencia y propuestas, a cambio, les dan a los futuros electores láminas de cartón y despensas. Los partidos políticos y quienes los representan han hecho de la democracia el mejor negocio, lo mismo de la pobreza, porque en lugar de disminuir, ha aumentado. El firmar pactos es parte de este problema, pero el más grande es la injusta distribución de la riqueza. Un día, cuando la clase política mexicana se dio cuenta de que en ocasiones, la democracia mexicana se parecía a un partido de fútbol, decidió darle un árbitro, aceptó que no podía ser juez y parte, y después del gigantesco fraude del ‘88 en contra del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, para cicatrizar las heridas de México y de los mexicanos, crearon el IFE. Instituto que, supuestamente, sería manejado por ciudadanos con el fin de garantizar elecciones libres y equitativas, y ya vemos en lo que se ha convertido ahora: en la sucursal y en los privilegios de todos los partidos políticos, financieramente, en un barril sin fondo, miles de millones de pesos gastados en una burocracia electoral que sólo ha servido para organizar elecciones. Y en aquel célebre 2006, fue el ex presidente de este instituto, Luis Carlos Ugalde, quien tácitamente aceptó que le robaron la presidencia a López Obrador cuando declaró públicamente: “Si me corren como presidente del IFE, estarán reconociendo que hubo fraude” Y por supuesto que lo corrieron. Este es, entre otras cosas, el antecedente o la razón para que en todos los estados de la república existan Institutos Estatales y de Participación Ciudadano, como es el caso de Durango. A raíz de los acontecimientos del 2010, hemos tenido tres presidentes consejeros: Raymundo Hernández, Moy Moreno, y, el actual, Javier Mier, quien tendrá su prueba de fuego en el proceso electoral de este 2013. Para los expertos en estos temas, coinciden en que el asunto del IEPC se ha politizado. Creemos que les asiste la razón: todos los partidos quieren meter las manos en el Instituto, todos quieren tener un consejero, por si hay un conflicto post electoral. Mucho se dijo que el PAN votó a favor para apoyar a Javier Nava y, a cambio de ello, tienen un consejero. No es mucho, pero de algo servirá. Quienes han tratado de cerca al nuevo presidente consejero, están convencidos de que reúne un buen perfil ciudadano para ese puesto; en poco tiempo, ha hecho cosas interesantes, ha convocado a la sociedad civil con diplomados, cursos, talleres y presentaciones de libros que tienen que ver con el tema electoral. Trayendo al Instituto a académicos de primerísimo nivel, tanto de la UNAM, la UAM y de lo mejor que tiene el Poder Judicial de la Federación en esta materia, sin faltar, por supuesto, lo mejor de nuestros académicos locales. No sabemos qué consecuencias financieras habrá para el IEPC con el recorte que le hicieron de 58 millones de pesos para organizar la elección de presidentes municipales y diputados locales en este 2013. En cambio, la Secretaría de Turismo, de 80 millones de pesos, ahora tendrá 300 millones, todos pensamos que se debe a la gran fiesta que tendremos por el 450. Los ojos de la sociedad estarán puestos en el nuevo presidente consejero Javier Mier, en sus manos está la responsabilidad de organizar con éxito, libertad y equidad, con los pocos recursos que le asignaron para el cada vez más cercano proceso electoral. También será responsable de que el Instituto no sea cuestionado por los ciudadanos y partidos políticos. Pensamos que Javier tiene la capacidad, la inteligencia y la voluntad política para que el IEPC no se convierta en el ojo del huracán o en el patito feo de estas elecciones.

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Que se acabe el gatopardismo en México, que cuando algo cambie, que no siga igual, que sea para bien.