Parafraseando a José Alfredo: “que no somos iguales, nos dicen los diputados”
La historia se vuelve a repetir: ninguna Legislatura quiere pasar a la historia por haber pasado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Los diputados, en privado, siempre han estado de acuerdo con el matrimonio igualitario, y en público están siempre en contra. Es decir, la doble moral bien vale una misa. Pero el problema no es ético, o de algún tipo de moral religiosa, en el fondo está el asunto de los derechos humanos que están en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en nuestra Constitución local, que en su artículo 5° establece: “todas las personas son iguales ante la Ley y gozan de los mismos derechos, en consecuencia, queda prohibido todo tipo de discriminación por origen étnico, lugar de nacimiento, género, edad, identidad cultural, condición social o de salud, religión, opinión, preferencias sexuales, estado civil, estado de gravidez o cualquier otra que atente contra la dignidad humana para evitar o menoscabar los derechos y libertades de las personas”. Y si a esto le agregamos que en el Código Civil del Estado de Durango dice que el matrimonio es entre personas, es un argumento legal para aquellos que desean contraer matrimonio con una persona del mismo sexo.
Una vez más, la aplanadora del PRI funcionó en el Congreso del Estado. Esto es un recordatorio de que sin la mayoría en el Congreso solo se puede gobernar a medias, es como una vez lo dijo Vicente Fox: el Ejecutivo propone y el legislativo dispone. Un tema tan complejo como lo es, por muchas razones, el matrimonio igualitario, en Durango parece que es el último reducto de la sociedad
victoriana. Hay que reconocer que la mayoría de los diputados que votaron en contra, manifestaron su rechazo no solo al matrimonio entre personas del mismo sexo, fueron más allá, lo hicieron en contra de los derechos y libertades de las personas a decidir sobre su vida privada. Los pocos que votaron a favor dieron un ejemplo de que no importa si se está de acurdo o no sobre el tema. Hicieron lo correcto al respetar las leyes que ellos hicieron y votaron. Los que se abstuvieron se quedaron como Luis Echeverría. Ni nos perjudica ni nos beneficia, sino todo lo contrario. Aunque muchos opinen que son dignos discípulos de Poncio Pilatos. En este contexto, cabe destacar el voto a favor del diputado del PAN Jorge Salum del Palacio, para que vean que también hay panistas que rebasan la doble moral y se quedan con los derechos y las libertades sin importar las referencias sexuales.
De nada sirvió votar en contra. Enrique Benítez, que sabe de Derecho Constitucional, está consciente de que este asunto terminará en la Corte y de que en unos meses la comunidad lésbico-gay de Durango se saldrá con la suya, y hasta se podrían dar el lujo de que el día que se puedan casar los inviten a brindar por la dicha eterna de la novia y el novio. Y como una cosa atrae la otra, tampoco está lejos el día de que ya casadas o casados, dos personas del mismo sexo puedan adoptar niños, como ya sucede, por ejemplo, en la Ciudad de México, donde se acaba de aprobar la Constitución y el matrimonio igualitario quedó como un derecho constitucional. A la mayoría de los mexicanos no nos gustó que ganara Donald Trump, pero de acuerdo a la Ley es el presidente más poderoso del mundo, esto es porque la Ley no es cuestión de gustos, se tiene que cumplir; pero Trump, por poderoso que sea, no puede ir en contra de los derechos civiles de la comunidad lésbico-gay de ese país. En pocas palabras, si
alguien en lo personal es homofóbico, no tiene derecho a ser homofóbicas las leyes. Solo nos queda esperar dos cosas: cuando la Suprema Corte de Justicia tenga en sus manos los derechos y las libertades de la comunidad lésbico-gay de Durango y cuáles serán las consecuencias sociales en su momento. La fórmula más sencilla para que las sociedades vivan con equilibrios, es el respeto a los demás, a sus ideas políticas, religiosas, artísticas, culturales y respetar el derecho a la diversidad sexual. Con libertades no hay manera de que unos cuantos diputados piensen y tomen decisiones por las mayorías, no hay más valor que la libertad, la personal y la colectiva; sin ella estamos condenados a que unos cuantos sean libres a costa de la libertad de los demás; y a eso no tienen derecho.

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